
- El hombre no parece amigable, observó Tracy.
- Tienes razón, Tracy, su casa es muy fea.
- Me gustaría verla por dentro, terció el oso Charly.
- Estaría genial entrar ahí, exclamó Tracy.
- Vamos a verla, Cane.
- Bueno, dijo Cane sin entusiasmo.
Entraron con miedo de encontrar al viejo por ahí, aunque no había rastro de él. Lo único que encontraron fue figuras pálidas de mayordomos y sirvientas. No hablaban y parecían flotar. Cuando vieron a una cocinera con el delantal manchado de sangre, fue a Tracy a quien se le ocurrió la mejor idea.
- Salgamos de aquí, gritó.
Desde entonces decidieron no poner nunca más un dedo en aquella casa…
Y esa fue la razón, por la cual jamás se enteraron, que las manchas en el delantal de la cocinera eran sólo restos de óleo y temperas del cuadro que había estado pintando aquella mañana…
Moraleja: “las cosas no siempre son lo que parecen”
FIN

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Nota: La explicación del origen de este cuento está AQUÍ
2009 Copyright Berenice Tejada Rodríguez y Clarina Aldea
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